lunes, 19 de agosto de 2019

DECLARACIÓN POLÍTICA SÉPTIMO CONGRESO UNIÓN PATRIÓTICA - BASES EN REBELIÓN ¡EDUCACIÓN, ORGANIZACIÓN Y LUCHA!


"Cuando se implementa el genocidio, siempre, y simultáneamente, se evidencia formas de resistencia que redundan en la pelea cotidiana de quienes se niegan a aceptar ser sometidos a la sistemática eliminación de su existencia material, simbólica, histórica e ideológica"                                                 

Iván David Ortiz Palacios

El Genocidio Político contra el pueblo colombiano, materializado en las tantas formas del terrorismo de estado, en Colombia, tan vivas hoy como ayer, arraigan en la conciencia popular y son la levadura del espíritu de las posiciones dictatoriales que hoy caminan en nuestro país, impulsados por los vientos de derecha que soplan por el mundo.
La impunidad de los criminales de uniforme oficial, atrae de diversas formas a buena parte de las organizaciones partidarias que se llaman a sí mismas “de izquierda” que, con el tiempo, las vemos transitar y correr hacia la derecha, deshilachando el rio de la libertad y poco a poco, paso a paso, haciéndose cómplices del olvido de los crímenes de nuestro pueblo, mientras estos, los crímenes, no frenan, jugándose el control absoluto en los territorios y el proceso pacificatorio actual, emprendido de tiempo atrás.
La izquierda está siendo sometida a un bombardeo ideológico que ha inducido el abandono de principios y convicciones. Una tendencia oportunista que desde entonces y hasta el día de hoy, ha llevado a organizaciones políticas y armadas a ensayar la nueva rendición incondicional, de entrega total de concepciones y principios.
Las fuerzas progresistas de la mano de las ONGs se han venido convirtiendo en operadores de los grandes capitales nacionales y multinacionales siguiendo políticas trazadas desde muy alto y aplicadas religiosamente para adentrarnos en el mercado, que, como paso anterior, nos fractura en mil pedazos. Observamos un gran retroceso que pareciera no tener fin hacia el olvido y el perdón, la conciliación de clases y la extranjerización de la economía. El horizonte entonces, no se ha alejado espontáneamente, ha sido alejado por los capataces del capitalismo que, desde la izquierda, imponen la visión liberal amparados en nuestro romanticismo, nuestra buena fe y fundamentalmente en nuestra falta de estudiar a profundidad la realidad que nos circunda.
El radicalismo de las luchas sociales ha sido estigmatizado y criminalizado y ya desde dentro de nuestras propias luchas y protestas, se escuchan quienes señalan a nuestros propios compañeros que se atrevan a levantar la voz más alta, para de esta manera ir logrando integrar a la telaraña mundial del capital global las fuerzas que se atrevan a estar identificadas con el cambio.
Se nos habla de “democracia” y de su defensa y, se siembra por doquier la expectativa ilusionada en dicha democracia. Pero se nos olvida el contexto en el que se busca esa democracia, de la que esperamos su finalidad transformadora, pero de la que debemos tener muy claro, no acoplarnos a la democracia liberal, porque en nuestro país, la libertad y la democracia son solo apariencia, de donde se beneficia solo cierta clase social y algún que otro acomodado pagado con boronas que caen de la mesa de los poderosos. Mientras recoja sus ganancias, a la clase capitalista no le importa quien gobierne, el progresismo no se propone terminar con el capitalismo, son tan liberales como la derecha, colores diferentes en la paleta del mismo pintor.
La consecuencia de transitar estos caminos del progresismo se refleja en que al interior de las grandes masas no hay receptividad al mensaje revolucionario. Su propósito es juntar votos, impidiéndole al movimiento de masas acercarse a su realidad transmitiendo, la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser, la renuncia a la lucha contra el sistema y el capitalismo. Se trata también de meter grandes masas y sectores sociales, o la manera como las ONGs han fracturado el movimiento social en ambientalistas, niños, negros, animalistas, minorías de trabajadoras sexuales (escalón golpeado de la miseria social) o de los homosexuales (discriminados por salirse de la hegemonía de la sagrada familia funcional al sistema), y ya fracturados ya no en clases, sino en sectores como los ha dado en llamar el oenegismo, se trata de llevarnos al mercado y el consumismo.
Quienes detentan el poder lo saben y por ello cometen el delito autónomo de Genocidio político, encarcelando, asesinando, desplazando, reprimiendo y torturando, como continuación del aconductamieno. Es la clase dominante quien quiebra la paz social, rompe la coexistencia pacífica y acude a los medios represivos.   
Hoy por hoy, a nuestro interior la batalla es de ideas, de lucha ideológica, para develar confusiones. Los luchadores identificando al enemigo de clase, fuera y dentro de nuestras organizaciones y descubriendo la necesidad de defenderse como sea de la violencia institucionalizada, preparando subjetividades proclives a la lucha por la toma del poder.
El oenegismo es el aval ideológico que socaba la política de la lucha de clases y el desarrollo comunitario autónomo, orientándolo hacia una vía controlada y fijada por las agendas de las potencias occidentales y sus instituciones transnacionales.
Salir de esta espiral de violencia eligiendo nuevos gobernantes no será ninguna salida con un pueblo fracturado, ideológicamente cooptado en buena medida, políticamente a merced de las perversidades de posiciones de izquierda, centro o derecha, sino que debemos buscar nuevos caminos, entre otros, la organización extensa e intensa de los de abajo, la constitución de una organización rectora que tenga claro el camino a seguir y entender el papel de nuevas luchas que vienen ocupando primerísimos lugares buscando el fin del extractivismo, o sea de la minería a cielo abierto, los monocultivos, las grandes obras de infraestructura y la especulación con el suelo urbano, una forma más de extractivismo.

America Latina ha quedado muy afectada por la globalización neoliberal. En la división global del trabajo actual, América Latina quedó como la gran proveedora de productos básicos y perdió la industrialización que se fue a Asia. Las luchas por el territorio, que hoy día, son la cuarta guerra mundial contra los pueblos, adquieren especial importancia siendo parte de la contradicción entre capitalistas y trabajadores. La lucha por el territorio es hoy más revolucionaria aun, pues torpedea más de fondo el reparto global que la élite mundial se propone culminar, la guerra crece contra las comunidades étnicas, campesinas, y sus territorios.

Las recetas del imperialismo norteamericano, las multinacionales, la clase dominante mandan privatizar, acaban con la vida digna y con nuestros derechos. Ya sea el agua, la salud y la educación, nuestras empresas públicas y nuestras necesidades, que realmente son derechos en un estado de bienestar y dignidad, pasan a la órbita del mercado. El no descontento de las masas en tales actos es comprensible al verse manejadas por el uso de un lenguaje eufemista y engañoso, la propuesta y propósito se enfoca en diferenciar lo que no es propio y esencial, de todo aquello que viene promovido y vomitado por una economía de mercado enfocada en privatizar los derechos.

Si bien,  es necesario mediante la lucha organizada exigir el cumplimiento de los derechos fundamentales, de manera simultánea el compromiso adquiere carácter esencial al materializar una revolución de los deberes comunitarios, alertando sobre la malformación que en ocasiones producen los derechos como fuente inagotable que termina arrancando lo fundamental: que es el trabajo político, abnegado, auto gestionado y transparente, mediante el ejercicio de la ética revolucionaria construyendo mujeres y hombres nuevos para una sociedad en paz con justicia social, por lo tanto, lucharemos contra los vendajes a los ojos del pueblo, no enfrentaremos la justicia con negocios, no nos  financiaremos alrededor del erario ni la empresa privada, el trabajo es una creación colectiva y  no puede permitirse generar lucro individual,  en el ejercicio de la ética entendida como la moral crítica debemos ante la adversidad responder con entusiasmo y alegría, sembrado esperanza en la luchas de nuestro pueblo.

La elección popular se ha convertido en una maquinaria más en el proceso electorero del país, porque el voto es comprado y las elecciones se ganan en la registraduría. Por lo tanto, la democracia es una farsa que hay que desenmascarar.

Sobre esa base, requerimos de una organización política rectora que tenga la suficiente claridad política e ideológica, organizadora de las masas y educadora de las mismas, para la toma del poder político, porque mientras tanto, seguiremos derrotados, por lo tanto, aceptamos la responsabilidad  de la construcción de un partido o movimiento de masas, mediante la educación y la formación de las bases, materializando Escuelas de Liderazgo Territorial como un compromiso socio cultural, político, organizativo, que pretende formar, educar, cualificar, informar, fortalecer, dinamizar y posicionar el debate en torno a la participación en los diversos procesos de la participación política en Colombia, la escuela ira dirigida a todo el territorio nacional llegando a quienes desean y le apuestan a la diversidad, al reconocimiento de la singularidad, la diferencia, la pluralidad y el dialogo constructivo y propositivo que ve en la democracias un espacio social auto gestionado donde la libertad sea efectiva, social y concreta.

No es posible siquiera imaginarse un escenario de paz en Colombia, sin que el país tramite política, social, cultural y humanamente, el lastre histórico de la costumbre política de la eliminación del otro oponente, costumbre que se ha hecho habito y que hoy se quiere volver norma en el estado colombiano. La memoria activa, la rememoración permanente y la conmemoración política, exige que todos los colombianos que hemos padecido las consecuencias del crimen genocida que continua cometiéndose contra los dirigentes campesinos y populares, intelectuales, actores sociales, movimientos cívicos, no olvidemos a la Unión Patriótica como posibilidad real de paz truncada por el establecimiento colombiano y accionemos el derecho a la memoria, exijamos respeto a nuestra identidad, defendamos nuestros territorios, retomemos los principios y la ética revolucionaria, actuemos en consecuencia con la historia de nuestro país, la cual podemos transformar.


Bogotá 18 de agosto de 2019